Ver el mar por primera vez

Ver el mar por primera vez

Uno de los momentos más emotivos (hubo muchos) de mi servicio militar fue ver la cara de los artilleros que conocieron por primera vez el mar.

En 1984, no todas las personas del interior de la Península Ibérica tenían la oportunidad de irse de vacaciones a la costa, aunque fuera solo un fin de semana.

Fuimos de maniobras a la Sierra del Retín, que está situado en el municipio de Barbate, muy cercano a la playa de Zahara de los Atunes.

US Navy 110628-N-KA046-050 A landing craft air cushion (LCAC) assigned to Assault Craft Unit (ACU) 4, embarked aboard the multipurpose amphibious a

U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist 3rd Class James Turner, Public domain, via Wikimedia Commons

Una vez montado todo el campamento, uno de los días siguiente, con un viento de Levante de mil demonios, uno de los tenientes preguntó a los soldados que quiénes no habían visto nunca el mar. Los que nunca lo habían visto dieron el paso adelante y el teniente, acompañado de algunos cabos, entre ellos yo, los llevamos a la playa.

La cara que tenían era de asombro y la frase más dicha: ‘Cuánta agua junta’. A mí me resultaba increíble esta situación, porque yo estaba acostumbrado a ver el mar desde pequeño. Después de la impresión de ver el mar, vino la experiencia de probar el agua: ‘Está salada!’ y el miedo de algunos a meterse en el agua, por las fuerza de las olas de aquella zona, que ya es considerada Estrecho de Gibraltar y por la frialdad de las aguas.

Aquél teniente les explico cuestiones sobre el mar y sobre la Marina y la vida militar en un barco. Muchos soldados refirieron la suerte de haber caído en el sorteo de mozos en el Ejército de Tierra y no en un barco.

US Navy 110625-M-EK802-097 U.S. and Spanish marines conduct improvised explosive device training

U.S. Marine Corps photo by Cpl. Dwight Henderson, Public domain, via Wikimedia Commons

Aquél teniente, del que no recuerdo su nombre con seguridad, era una persona interesada en la formación de los soldados, no solo en la cuestión militar, sino en la cuestión cultural en sí.

Otra noche, antes de la retreta, nos llevó a un punto alto de la Sierra, cercano al campamento para que viéramos las luces de la cercana ciudad marroquí de Tánger, que se puede ver perfectamente desde allí, que se encuentra a 75 kilómetros en línea recta.

En la fotografía de arriba, se puede ver la playa de Zahara y al fondo, la costa de Marruecos, África.

Aquella fue una experiencia que estoy seguro de que aquellos soldados no olvidaron nunca. Yo tampoco.

Puedes recordar la mili en mi libro (puedes comprarlo pinchando en la foto)

Este texto está protegido. Se puede compartir nombrando al autor Alfonso Saborido.

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